El 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República española, los corazones se llenaron de júbilo y muchos españoles optaron por un proyecto diferente de nación, en el que la razón se impusiera sobre la tradición y en el que el centro de la política fuesen los individuos. El valor cívico es fundamental para entender la república y sus ideales.
La República española impulsó una reforma agraria, inició una nueva política social, estableció la enseñanza pública, se unió a la sociedad de Naciones, consideró al Estado español laico, reconoció los Estatutos de Auntonomía, creó un Tribunal de Garantías Constitucionales e incorporó la participación política de las mujeres.
Este proyecto fue derrocado por un golpe de Estado, enterrado por la dictadura y olvidado por la transición democrática. Sin embargo; en los últimos años ha habido gran interés por recuperar la memoria histórica, para evitar cometer los mismos errores y para enmendar la deuda con los españoles que salieron exiliados.
Hoy 14 de abril del 2010, como todos los años, he llamado a mi madre para que le recuerde a mi abuela y a mi tía que sabemos es una fecha importante, lo es para toda la familia. Este año, ya no hay respuesta, porque el tiempo borra la memoria, por eso es indispensable que los otros, los que siguen, no olviden su historia.
Si puedo decir que algo me caracteriza es la constancia, hasta en los lugares que visito en las vacaciones. Llevo veinte años asisitiendo de manera casi ininterrumpida a Flores Magón, Veracruz durante la Semana Santa. En estos veinte años, no se ha pavimenado una sola de las pocas calles que forman el ejido, la gente sigue enterrando la basura en la playa porque el camión que la colecta no siempre pasa. Así está la Costa Esmeralda de Veracruz, con sus contrastes, como todo el país, con el abandono de las autoridades, pero con la fidelidad de los vacacionistas que seguimos atestiguando como el paso del tiempo, en este caso, solamente nos hace más viejos.
Me preguntó como se sentirían los hermanos Flores Magón si pudieran echar un vistazo al 2010 y vieran las mismas carencias por todas partes.
En fin, que vale la pena visitar Flores Magón, Casitas, la Guadalupe, Monte Gordo y todos los pueblitos porque si uno pone atención no vuelve a ser el mismo. La carretera es la brecha entre los que tienen acceso y los que no, a todo lo que a ustedes se les ocurra.
¿Hay alguien ahí?
Leyendo y reflexionando sobre las clases que nunca terminan, porque te acompañan en el auto, los fines de semana y cuando sales a correr por las mañanas, me doy cuenta de que sólo hay preguntas, dudas y las respuestas solo dan pie a nuevas preguntas.
Yo amaba las certezas. Me las desayunaba con pan en las mañanas, las mojaba en el café y me hacían feliz. Me acostumbré a ellas porque me sirvieron durante mucho tiempo para sortear toda clase de adversidades, pueriles algunas, trágicas otras, en fin que no puedo demeritarlas. Pero ocurrió que hoy por la mañana ya no las necesitaba más, no me supieron igual y no me dejaron tranquila. Tomé conciencia de que con ellas había formado infinidad de muros y que tengo que derribarlos para ver más allá.
Así que decidí quedarme con una certeza nada más, con la que es voluntad de ser, con la que me permite ser libre y responsable de mi existencia, para bien y para mal. Ahora, lo que ésto significa me parece que me llevará la vida averiguarlo.
A veces me dan ganas de irme por ahí a gritar, nada más a eso. Invariablemente me veo haciéndolo en un lugar solitario y alejado de los demás. Por pudor, por vergüenza, porque no quiero que me llamen loca. Cuando dejo de fantasear me encuentro sola, eso si, en la intimidad de mi auto mentando madres y me calmo. Hay días difíciles, lo reconozco, hay momentos en que se pierde la perspectiva y aparece la furia, la tristeza o la desconfianza. Y así en un momento decido cambiar el rumbo.
Últimamente se han formulado con frecuencia las siguientes preguntas:
¿Se vive mejor en la modernidad?
¿Somos una sociedad mejor que las anteriores a la modernidad?
Yo observo rostros reflexivos e inseguros pero como mujer inmediatamente me viene a la mente que la respuesta es si.
Para recordar a los que ya no están puede uno valerse de la memoria pero también de la palabra escrita, se les puede buscar en la poesía, ahí están ocultos y cuando se les lee, vuelven.
Página en tu nombre
Francisco Hernández
Tu nombre se puede morder como manzana.
Huele a mango de Manila y a naranja china.
Me deja la lengua morada al igual que el chagalapolin y la
escobilla.
Lo trituro y respiro yerbabuena.
Al separarlo estalla una granada.
Crece a la altura de la flor de caña, es la enredadera que
sube por la cerca o se extiende a ras de patio, perseguidor
de coralillos, sandías y verdolagas.
Si lo agito, escucho el agua que lo llena.
Si se lo doy al loco de la casa, volará a la punta del cerro
y lo hará flauta.
Para librarme de la oscuridad lo conservo en un frasco.
Con la luz que despide se ilumina esta página.
Vacaciones
José Saramago, Caín. Orlando, las risas de Mariano y Emilio, diversión. La muerte de Jackie, dolor. Me preguntó qué es Dios. Soy atea. El cumpleaños de María, besos, pero ella ya no está. Comida familiar, me reconforta estar con mi familia. Leo a un hombre que dice que no sabe amar y que quiere aprender. Me conmuevo. Leo sobre el amor. Entiendo que es un aprendizaje. Primero hay que aprender a amarse para poder amar. Amar no es buscar la fusión de dos personas es reconocer su individualidad. Me siento bien, estoy feliz. Después de la muerte no hay nada. La vida es bella a pesar de todo. Quiero disfrutar cada momento. El sol en mi cara, el viento está helado y me siento viva, estoy contenta. Cargo a mis hijos, soy Hulka, puedo con los dos, corremos por el bosque. Me veo de niña y ya no tengo miedo. Las heridas sanan. Yo construyo mi existencia. Lo que no me mata me hace más fuerte. Me sumerjo en el río y salgo renovada. La vida es aquí y ahora. Hay que disfrutarla.
Dr. Jekyll and Mr. Hyde
Yo sabía que empezar a escribir era peligroso porque la mayoría de las veces empiezo y termino sintiéndome igual. Asustada, ansiosa, con miedo. Pero esta vez percibo un cambio, no es una luz (ji, ji, ji), sino ánimo.
El susto proviene de la enorme tarea, del trabajo, de la disciplina y el tiempo que hay que dedicar.
La invitación hecha en clase es fascinante pero las cosas importantes en la vida nunca traen instructivo.
En este país caótico continuamente apocalíptico diría que es más fácil criticar, denunciar o señalar que proponer -sugiero que vean Ratatouille.- Desde luego no demerito el valor de la crítica, lo aplaudo. Es una forma apasionante de expresión y sin ella no hay movimiento. Ahora, también puede ser un espacio sumamente cómodo.
¿La pregunta es cómo lograr un cambio usando al derecho? pero es válido preguntar ¿si puede el cambio provenir del derecho?
Cuando empecé el blog estaba entusiasmada con la idea de que para hacer teoría jurídica contemporánea (tjc) se necesita que la gente escriba y se quite el miedo.
Hoy recuerdo las palabras del profesor de tjcI, no II, y debo decir que las segundas partes si pueden ser mejores. “Lean por periodos mínimo de tres o cuatro horas” y yo pensaba que no podría lograrlo. De las decisiones que he tomado en mi vida no me arrepiento. Sin embargo, me da curiosidad la estrategia de este hombre que puede encerrarse durante horas a leer y luego a escribir.
No cabe duda que los teóricos son personas de carne y hueso, pero por más que me esfuerzo no logro visualizarlos viendo los Backyardigans ni rugiendo como dinosaurios.
De nuevo yo soy yo y mi circunstancia. Yo cuento con alguien a quien no le importan los roles familiares y juega el que le exige el día a día. De él sólo proviene amor y fortaleza para que yo encuentre lo que ando buscando.
La angustia, esa viene de dentro. Ahora cuando llega yo recuerdo a mi amiga Carla diciéndome “que bajar las expectativas no lo convierte a una en cínica”. Y entonces tomo el lápiz y escribo en la cama con mis hijos viendo la Era del Hielo 3. Después veremos Transformers 2. Porque a las 10:30 nos toca a los tres la medicina.
Como esto ya se acabó confieso que cuando en el recuadro de comentarios de este blog aparece:
Eres una azotada.
Comentario escrito por María. 27/11/2009 10:28
Yo contesto:
Y tú una apretada.
Comentario escrito por Elisa. 27/11/2009. 10:29
Fin . Los veo en el camino.
De cómo fui salvada por Jack Kerouac y Billie Holiday
Me parece fantástico e innovador que los profesores modifiquen su forma de dar clase y que se atrevan a realizar dinámicas de grupo a las que les suelen llamar círculo de confianza. Me encanta el círculo de confianza en la universidad, ahí es donde se da el intercambio real de opiniones, el debate y la confrontación, a veces se llega a la síntesis y en la mayoría de las ocasiones prevalece la posibilidad de reflexión, sirve como detonador.
El problema se da cuando nos trasladamos al espacio de las creencias, de la moral, cuando la subjetividad manda en un intercambio se abre la caja de Pandora y luego ya no se puede volver a cerrar.
Todo mi paso por la Facultad de Derecho fue silencioso, desde el primer semestre un profesor me dijo que yo no podía tener una opinión sobre el aborto, que la mujer no es dueña de su cuerpo y que me pedía amablemente que no iniciara una discusión bizantina. Y a mí me hirvió la sangre en el cuerpo y pensé “esta mala bestia nos pide opinión para sacar su mezquindad a pasear,” no lo pensé exactamente así pero esa es la idea.
Yo ya me había salvado, a mí la cuadratura del abogado afortunadamente sólo me generó un profundo desazón y muchos enojos. Otro memento memorable lo viví también durante el primer semestre, cuando mi profesor de civil nos pidió que compráramos su libro más reciente el cual ya estaba a la venta en Sanborns y trataba sobre la vida y la niñez. Yo olvidé en donde se vendía el libro y puse mucha atención. Vida y niñez suena interesante, se preocupaba por la cantidad de mujeres que se encuentran en situaciones insostenibles, hay que hacer algo por ellas. Confieso que me encontraba perdida en el discurso pero comencé a tener miedo cuando entendí hacía donde nos iba llevando este señor. No sé en qué momento llegó a mis manos un feto de plástico y el orgulloso civilista nos proporcionó una lista detallada del desarrollo del feto y de cómo hay quien atenta contra la vida humana. Para ese entonces yo había abierto mi mochila sacado, el que durante algún tiempo fue mi libro favorito y, logré escapar.
Aclaro que no rehuyo al debate de tema alguno, pero desde luego ahí no se iba a cocer nada que no fuera el arroz del profesor.
También tengo que decir que en mi silencioso paso por la facultad hubo también hombres y mujeres con corazón apasionado, profesores que entienden a la universidad como la escuela de la vida.
Entré a la maestría porque tengo claro que sin estudios de posgrado ni la docencia ni la investigación pueden ser mis campos de acción. Pero estaba segura que el esquema se repetiría, que yo me seguiría enojando, que me seguiría quedando callada y bla, bla, bla.
Pero la gente cambia, uno cambia y hoy no puedo quedarme callada, no quiero hacerlo. Por eso cuando se entiende la confianza como una ocasión para bromear, para sacar el pequeño retrogada que todos llevamos dentro, yo les digo a mis compañeros y al profesor que son homofóbicos porque joto, marica y shoto son términos peyorativos. Me contestan que están jugando, pues yo no estoy jugando, a mí no me corresponde educar a nadie, pero estamos en la universidad y si aquí no hay respeto y comprensión de la diversidad estamos perdidos. Ahora, no deja de sorprenderme que los abogados se ofendan cuando uno les hace ver que es una perversión igualar la profesión a un traje, ese comentario fue lacerante para varios; sin embargo, la burla por las orientaciones sexuales de una persona esas son bromas.
En fin, lo importante para mí es que uno debe decir las cosas, debe expresar su molestia ante situaciones mezquinas. Pero sobre todo debe darse siempre el tiempo de escapar cuando no hay opción de dialogar, ya sea leyendo “En el camino”, tomado de la mano de Kerouac y escuchando a Billie Holiday. Nadie está obligado a reflexionar sobre la imbecilidad ajena.
Ya para terminar tengo que decir que no quiero ofender a nadie, ni confrontarme con nadie, pero tenemos que cambiar nuestra manera de pensar, porque en este contexto hacer las cosas diferentes no implica otra cosa que pensar antes de hablar y actuar.
Finalmente, la vida da sorpresas y uno se puede encontrar en el escenario más árido gente dispuesta a reconocer la diversidad, aún cuando ésta provenga del dark side.
Virginia Woolf dijo que para escribir se necesita una habitación propia, y yo estoy totalmente de acuerdo con ella.
El piano
Suelo despertarme por las noches con nostalgia. Mi sueño se ve interrumpido abruptamente y vienen a mi mente las notas de la Polonesa, Carmen, para Elisa y otras melodías que recuerdo muy bien pero de las que ya no ubico nombre ni autor. Cuando decidí cambiar mi vida, de manera radical, como en el poema de Rilke, pensé volver a tocar el piano. Me acordé de los maravillosos momentos que me otorgó en la infancia. La pasión desenfrenada que uno experimente algunas veces al tocar sus teclas con fuerza y otras al acariciarlas, apenas rozarlas, en algunas piezas.
De lo aprendido en esa etapa de mi vida ya no queda nada, no recuerdo más que el inicio de Carmen y las terribles palabras de mi maestra cuando años después la encontré en un supermercado. Laurita, siempre fue para mí una mujer mayor, pero que espíritu el suyo. Ella me enseñó a pintar en óleo, a mezclar los colores, a acariciar las telas a no tenerle miedo al aguarrás para borrar todo y volver a empezar.
En fin, sus palabras fueron fulminantes “mi niña tocabas divinamente el piano, lástima que fueras tan floja.” Ahora cuando me levantó en las noches pienso que no podría volver a estudiar piano sin dedicarle toda mi atención. Tal vez por eso ahora me sueño ante el piano y mis manos están arrugadísimas pero yo me siento feliz de estar tocando.
Que tenga que ver estos con la teoría jurídica contemporánea, vaya usted a saber, probablemente sólo quiera decir, que por ahora lo que me interesa es investigar y trabajar para que este mundo en el que vivo sea distinto, así que el piano tendrá que esperar.
Yo me pregunto y me contesto. Y en esta ocasión la respuesta viene de leer a Susan Sontag que nos dice con estupenda claridad que
“un narrador que se adhiere a la literatura es, por necesidad, alguien que reflexiona sobre problemas morales: sobre lo justo y lo injusto, lo mejor y lo peor, lo repugnante y admirable, lo lamentable y lo que inspira alegría y beneplácito. Ello no implica moralización en sentido directo o rudimentario alguno. Los narradores serios reflexionan sobre los problemas morales de un modo práctico. Relatan historias. Narran. Evocan una común humanidad con la que podemos identificarnos, si bien las vidas pueden ser distantes de la propia. Estimulan nuestra imaginación. Las historias que cuentan amplían y complican —y por ende, mejoran— nuestras simpatías. Educan nuestra facultad de juicio moral.”
Yo ni por equivocación me comparo con Susan Sontag, pero lo que me sucede hoy es que no puedo escribir nada relacionado con el derecho que no me obligue a contar una historia o una vivencia personal.
Solo me resta trasladar la culpa y decir que: “¡Yo no fui!. Fue el mensajero!”
Torso Arcaico de Apolo
“Nunca hemos conocido su inaudita cabeza,
en donde maduraban los globos de los ojos.
Más su torso arde aún, igual que un candelabro
en el que su mirar, aunque está reducido,
se mantiene y reluce. Si no, la proa del pecho
no podía deslumbrarte, ni en el álabe suave
de las caderas una sonrisa podría ir
al centro que tenía poder de procreación.
Si no, estaría esta piedra desfigurada y corta
bajo el umbral traslúcido de los hombros, y no
centellearía como las pieles de las fieras;
tampoco irrumpiría, desde todos sus bordes,
como una estrella: porque no hay aquí ni un lugar
que no te pueda ver. Debes cambiar tu vida.”
Rainer Maria Rilke
Funky me
Hay algo del libro Funky business que no me gusta. Será que no me agrada reconocer ciertas verdades o será que la descripción de lo que es va también acompañada de un prescripción de cómo debe ser. Pareciera que como estamos inmersos en el mundo globalizado, también estamos inmersos en el ritmo que éste lleva al 100%, a todo lo que da y entonces pues claro, lo más importante es el consumo, lo que poseo, a lo que aspiro y lo que no puedo poseer. Así las cosas seré feliz cuando tenga todo lo que quiero y más. Mi creatividad es infinitamente valiosa para el mercado en tanto puede o no ser generadora de riqueza. Pero bueno si no es la riqueza, a la que al parecer todos aspiramos según mi lectura del libro, pues está la satisfacción de que trabajo para vivir y no vivo para trabajar.
He hablado del cinismo funky del que por supuesto no me excluyo, tampoco niego mi necesidad de consumo y la satisfacción que determinados hábitos de consumo me producen. Pero al menos intento entenderme y explicarme desde otros puntos. La libertad y el amor no convergen en la empresa funky están en otra parte, y si queremos un verdadero cambio, uno en el que todas las personas puedan participar, pues no serán los funky business los que nos lo proporcionarán.
A ver, no me puedo explicar. Asumo que todos vieron el video que nos mandó Nancy sobre un discurso de Isabel Allende. Si no es así pues regálense una media hora para reír y sobre todo para reflexionar.
Llevo días tratando de encontrar la forma de explicar la molestia que me produce el libro y como me ha costado trabajo hacerlo pues a poner ejemplos esclarecedores. Así llegan las ideas, así aterriza uno las reflexiones. Abro el video y ahí esta Isabel Allende platicando sobre esto y aquello y de repente ¡bum! todo se vuelve muy claro. Ella relata una discusión que tuvo con su hija cuando está tenía veinte años. El motivo de la disputa fue que Paula le dijo a su madre que el feminismo estaba pasado de moda, que las mujeres en la actualidad ya no tenían que estar luchando en un campo de batalla. Como buena escritora que es, Isabel Allende usa esta anécdota de la pelea con su hija, con su joven hija-a la que perdió hace varios años-, para regalarnos un discurso articulado sobre la situación de la mujer en el mundo. Nos proporciona desgarradores ejemplos de mujeres que sufren discriminación y violencia en sus vidas porque así funciona este mundo funky, así es, y para cambiarlo hay mucho que hacer. Ella dice que se debe cambiar la situación de la mujer y que con ella quizá veamos otros resultados.
Pero vuelvo a Funky Business me pregunto si a los autores nos les pasará lo mismo que a la joven Paula cuando le espetó a su madre que el feminismo está pasado de moda. Yo de verdad no sabría qué formula desarrollar para mejorar las condiciones de pobreza en las que se encuentra sumida más de la mitad de la humanidad. Desde luego creo poder afirmar que no será la empresa funky la que nos resuelva el problema. Ese es mi problema con el libro que no comprende a mi entender las infinitas posibilidades que nos plantea el vivir la vida en libertad, con responsabilidad, con la posibilidad de elegir y de actuar. ¡No cambiamos el yugo divino para perdernos en el mercado! Tampoco ganamos la libertad para ejercerla en hábitos de consumo. Me parece que la alternativa funky se consume así misma.
No sé si hay un monstruo o son varios monstruos o si el peor monstruo es el que uno lleva dentro. Me queda claro que cada uno lucha en mayor o menor intensidad con algún monstruo interno o externo en algún momento de su vida. Pero si sé que somos humanos demasiado humanos y que no sólo somos totalmente palacio.
Al finalizar la secundaria me fui de viaje con mis compañeros a Oaxaca. Viaje inolvidable por diversas razones y porque no gané el concurso de disfraces que se realizó la última noche de nuestra estancia. Me disfracé de hippie con prendas adquiridas en el mercado de esa ciudad, mis amigas me pintaron en una mejilla el símbolo de amor y paz. Yo me sentía soñada, encajaba perfectamente en el papel y me dolió en el ego no ganar ni el tercer lugar. Así se lo hice saber a un amigo durante la fiesta que siguió al concurso. Cual sería mi sorpresa cuando Carlos sonriendo me dijo “Elisa, tal vez no ganaste porque ningún hippie se pintaría jamás el símbolo de Mercedes Benz en la mejilla.”
La piñata funky.
Las piñatas siempre han llamado mi atención, aunque confieso que lo que más disfrutaba eran los golpes con el palo, porque eso de aventarse por los dulces jamás me gustó. Golpes, pisotones, arañones, manos intentando llevarse el pequeño o gran botín que uno se ganó valientemente entre la turba de niños de todas las edades. Recuerdo que los seres más despiadados a la hora de lanzarse por los dulces eran las mamás, acaparaban casi todo y no compartían nada. Mi mamá nunca se lanzó conmigo a la piñata, nunca se lo pedí y sospecho que de cualquier forma se hubiera negado. En fin, una de las lecciones de mi infancia es que uno puede evitar sobresaltos y golpes si no se tira al suelo cuando se rompe la piñata, para que sufrir si caen dulces por ahí que uno siempre puede recoger sin sufrir atropello alguno, además al final siempre habrá una bolsita con golosinas para llevarse a casa.
La piñata es una tradición, es una diversión que nos prepara para la competencia despiadada que nos plantea el mundo en que vivimos. Si analizamos el ritual empieza por ser muy ordenado, se hace una fila para que los niños esperen su turno, los primeros son los más pequeños, pero ésta no es una concesión graciosa es una estrategia, van primero porque tienen menos fuerza. Sabemos que son incapaces de romperla y terminar con la diversión. Después vienen los niños mayorcitos y con ellos se debe tener más cuidado, toda la responsabilidad recae sobre la habilidad que tenga el que tira de la piñata y en la velocidad con que se cante la canción que acompaña al turno. Pero cuando la piñata se rompe no hay reglas. Sólo un fin: acaparar todo los dulces que se puedan durante la confusión que ha causado el motín.
La piñata no es sólo un juego de niños, también pueden participar los adultos, pero cómo hacer para evitar que algún fortachón desenfrenado o alguna mujer apasionada descarguen su frustración a golpes y terminen con la diversión. Pues muy fácil les vendamos los ojos y los ponemos en total estado de indefensión, además les damos unas vueltecitas para que pierdan el rumbo y golpeen a algún concurrente despistado.
La piñata es el juego más completo que conozco: diversión, crueldad y botín en un mismo acto. Yo dejé de jugarlo hace muchos años. Pero uno no puede sustraerse, ni apartarse, no se puede dejar de competir en este mundo, eso lo tengo claro. Yo soy yo y mi circunstancia, por eso ahora no me puedo negar cuando Emilio ansioso, excitado y angustiado me pide reiteradamente ¿mamá vamos juntos a la piñata?
Y yo no dejo de pensar que la piñata es cruel pero hay que perderle el miedo y hay que saberla jugar, por supuesto hay que divertirse con ella, porque aunque uno quiera renunciar, en este mundo funky todo puede pasar. Llegado el momento alguien le pedirá que descargue un juego de estrategia para aprender a competir, no basta con entrarle a la piñata, también hay que aprender a jugar Lemmings.
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La muerte que no llega. Un cuento sobre la libertad.
El 18 de diciembre María cumplirá 95 años, le haremos un pastel, le cantaremos las mañanitas y le daremos muchos besos.
María me contó que su madre le dijo que había nacido uno de los inviernos más crudos de Teruel, no me acuerdo a cuántos grados bajo cero me dijo que estaban cuando ella nació, pero recuerdo muy bien que el hecho de que el día que ella vino a este mundo hubiese hecho un frío que pelaba le producía un orgullo enorme. Me acuerdo de tantas cosas que me contaba María, pero ahora pienso con frecuencia en que siempre decía que le tenía un miedo espantoso a la muerte y pues yo también me asustaba mucho cuando pensaba que algún día se podría morir, porque pensaba que en mi vida, sin María habría un vació enorme, una ausencia que nunca más se podría borrar. Porque María me quería, me mimaba, me enseñaba, nunca me regañaba, me transmitía su pasión política, su deleite por las miniaturas, por los elefantes, por las figuritas, su gusto por el vino y la buena comida. Sobre todo me contaba la historia de su vida, desde que tuvo que salir huyendo con su madre y sus hermanos un verano para que su vida no volviera a ser igual. De los años de la guerra, de la pérdida de su padre y su hermano en manos de no se qué desgraciados, del fin de la guerra, de la derrota, del exilio, de Orán, de Casablanca, del barco y de cómo dio a luz en él. Del amor de su vida que se fue antes que ella. De la llegada a Veracruz sin ninguna posesión más que la ropa que traían puesta; ella, su marido, su hermana y su madre. De cómo se instalaron en México. Su México, el que le abrió las puertas y le permitió vivir su vida en libertad, hacer una familia. En el que nació su hija. El país que los recibió con respeto y que reconoció la importancia de su lucha, y bueno tantas cosas más.
A mí me tocó la mejor parte de María, yo no viví sus depresiones, ni sufrí sus amarguras: la guerra nunca superada, las heridas que nunca sanaron, las pérdidas que causaron un trauma irreparable, la tierra nunca recuperada. Yo de María recuerdo los hot cakes esponjaditos de las mañanas en que me quedaba a dormir en su casa, los cuentos del Rey Babar y la Reina Celeste, las canciones, la casa impecable con un mundo infinito de diversión; los vestidos, los abrigos, las bolsas, las pelucas, las fotos, las figuritas, las campanas, los elefantes. El cariño, el amor, el aprecio por la libertad que puede perderse y que cuesta trabajo volver a conquistar. A mí María me regaló una infancia llena de felicidad, una adolescencia plagada de pasión por la política, por el amor a la libertad, por la búsqueda de la justicia. La importancia de las instituciones y la lucha contra las instituciones que dogmatizan, que esclavizan, que no permiten ser libres, que tienen miedo a la libertad y que por ello la quieren encarcelar.
Recibí de ella enseñanzas infinitas que van desde cómo rizarse las pestañas hasta cómo jugar al póker. Todo esto acompañado siempre de cariño porque ella siempre me hizo sentir especial y para mí ella siempre será especial. No podría definirme sin recurrir incontables veces a la figura de María, por dentro y por fuera. Ahora la veo claramente contandome que su madre le decía que era blanca como la leche, y recuerdo que para mí su piel y su boca eran iguales a la de Blanca Nieves, sólo que mi Blanca Nieves siempre fue rubia. Cómo olvidar la cabellera inalcanzable por el permanente, la única prohibición que todos respetábamos religiosamente.
Hoy sé que no se necesita morir para desaparecer. Hoy sé que algunas ausencias no generan un vacío enorme, porque lo dado en vida forja otra vida, porque la libertad existe, el amor existe y transmite y genera cambio y felicidad.
María, cumple este 18 de diciembre 95 años, y yo cuando la visito, la miro a los ojos, la busco y no la encuentro y le digo siempre con infinito cariño: abuela ya vete a descansar.
No temamos lo que es nuestro vivámoslo porque sólo es aquí y ahora.
Fin
Cinismo funky
Antes que nada quiero aclarar que no he terminado de leer Funky Business pero para los efectos del blog y de la clase me parece que no es relevante para poder dar opiniones sobre lo leído hasta ahora.
A pesar de que en alguna parte del libro (que por el momento no encuentro por ningún lado, pero ahí está, yo la leí) los autores sugieren al lector que resista la tentación de juzgar o enfadarse ya que ellos sólo describen lo que es. Para mí ha sido imposible digerir su versión funky de lo que es sin por lo menos sospechar que son cínicamente funkys.
La conquista de la libertad, el situar al individuo en el centro del mundo, invitar a las personas a que se responsabilicen de su existencia, a hacerse responsables de sus mentes, esta oda a la razón me desmoraliza cuando parte únicamente de la importancia que todos estos logros representan para el mercado. Es ahí donde me topo con pared, donde el libro me molesta, me inquieta.
Estamos construyendo una nueva manera de operar que se entiende nos da más libertad, más velocidad, la tecnología ha conectado a los individuos de todo el mundo, la información fluye por todas partes, la organización del trabajo y de la producción se está modificando día con día. En este mundo funky en el que todo es posible para el que quiere y para el que se pone más listo aparentemente existe la posibilidad de transformación y de construcción de un futuro diferente cambiando las reglas de la vida para nosotros como para nuestros hijos. Me ponen los nervios de punta frases como:
“El principal medio de producción es pequeño, gris y pesa alrededor de 1.300 gramos. Se trata del cerebro humano.”
“Los negocios funky obligan a una constante búsqueda de elementos diferenciadores.”
“Los negocios funky obligan a renovar la organización.”
“Con los negocios funky, la gestión y el liderazgo se convierten en esenciales.”
“El conocimiento es el nuevo campo de batalla de los países, las empresas y las personas.”
“Los negocios funky nos dan el poder.”
“Todos somos potencialmente libres para aprender, ir, hacer y ser lo que queramos.” Y yo agrego que si vivimos en Suecia con mayor razón.
Todos somos cínicamente funkys. La libertad existencialista hasta ahora (en el libro) me parece igualada a la libertad de elección de los productos, de lo que quiero ser, a qué tribu quiero pertenecer, que marca voy a consumir. La responsabilidad de mi existencia está en hacer un consumo responsable, que no dañe al medio ambiente, que sea sustentable, el mundo es mío ahora pero será de otros y tengo una responsabilidad inmensa frente a ellos. El nuevo religare según esta visión dejará al individuo más solo que la una, como diría mi abuela, si esta es la tendencia la caída será más dura. El individuo cobra nuevamente valor en el mercado, porque ahora nos interesan las preciosas ideas que produzca su cabecita y que por supuesto queremos ver reflejadas en algún producto, porque si no es así no valen nada. Todo tiene un valor, el principal valor hoy es la mente humana, pero en esa afirmación hay una trampa ¿o no?
“
Un cuento. PSICOSIS Y PROCTER AND GAMBLE.
Lunes
Salgo de mi cita semanal con la psiquiatra con el firme propósito de socializar durante el fin de semana. –Diviértase Nuria, relájese, socialice, conviva con otras personas y veamos como le va.- Mmm, complicado. El día transcurre sin novedad. Por la noche suena el teléfono y un amigo de la universidad nos invita a cenar a su casa. Se acaba de mudar e invitará a los compañeros de generación de la facultad. Problema resuelto, recuerdo instrucciones: -sociabilice Nuria, salga, converse con otras personas, diviértase.-
Viernes
Llegamos a la reunión los primeros, la puntualidad de Armando me mata, nos ha puesto en las situaciones más incómodas que pueda recordar. Nos hace acreedores a un tour por la casa nueva de mis amigos. – Esta es la sala, antes era muy pequeña, y la cocina ni te la imaginas, un huevo, más pequeña que la del departamento en el que vivíamos, ¿la recuerdas?, bla, bla, bla. Yo ya estoy, como siempre en otro lado, pero hago un esfuerzo y regreso para escuchar que Pablo se ha cambiado de trabajo. Su incursión del mundo del derecho al cine ha sido un fracaso económico y pues nada, la casa no se paga sola, y…
-Oye, Pablo, y dónde trabajas ahora. Le pregunto para incorporarme a la conversación.
- En Procter and Gamble. Me contesta
-Y eso qué es.
Para ese entonces me miran él y su mujer con una cara de asombro que me parece un poco ridícula.
-Procter and Gamble, P&G, es una empresa que maneja un sinnúmero de marcas.
- No has visto, me increpa Beatriz, en los rastrillos, en la pasta de dientes, en el shampoo tal. A ver qué toallas femeninas usas.
-No le respondo. Me empiezo a preocupar.
-Bueno que pudorosita me saliste. Fíjate, si usas la marca tal, verás en el empaque Procter and Gamble. Llegando a casa miraré, me rehuso a llevar mensualmente a P&G entre las piernas.
-Francamente molesta le digo que se puede vivir perfectamente sin conocer esa información. Armando me toma de la mano y continuamos el tour por la casa, llegan los demás. Sociabilizo, hablo con otras personas, bailo con Armando. Volvemos a casa.
Sábado
Me estoy bañando y cometo, el que ahora reconozco, el peor error de mi vida. Examino mi shampoo, el de Armando, el de los niños, las toallas sanitarias, la pasta de dientes, los rastrillos y en todos lados me encuentro Procter and Gamble (P&G). Mi casa está invadida y yo ni enterada. Me alarmo.
Domingo
Le sugiero a Armando que deje de rasurarse y que opté por la depilación con cera. Se ríe, cómo se me ocurre someterlo a tal tortura, debe ser un dolor insoportable. Pienso que llevo más de la mitad de mi vida torturándome. Desde los pies a la cabeza y todo lo que en medio hay. En fin, es parte de ser una chica.
Lunes
Me dispongo a hacer la lista del mercado. ¿Qué falta? pasta de dientes, un rastrillo nuevo para Armando, detergente líquido para la ropa, crema para el cuerpo ¡me falta Procter and Gamble!. Recuerdo las caras de Pablo y Beatriz.
Me cancelan la cita con la psiquiatra. Ha tenido que salir urgentemente de la ciudad.
Martes
No hay que comer en la casa porque francamente no pude hacer la lista de las cosas que me faltan. Me pregunto si podremos prescindir de ellas, y no solo de la marca porque ya entrada en reflexiones si no es P&G, será Johnson & Johnson o Mashana Ja & lo que usted guste y mande siempre que consuma todo lo que tenemos para venderle, que necesita para ser feliz y de lo que no puede prescindir.
Miércoles
Paso el día en Internet buscando opciones, alternativas. Debe haber alguna forma de escapar a esta invasión silenciosa. Ya no me preocupan los artículos de limpieza y de aseo personal. Me preocupa la comida, los transgénicos, los pesticidas, las hormonas en la leche, en el pollo, la contaminación de los vegetales, las fresas y el cisticerco. ¡la carne!
Voy por los niños a la escuela. Hablo con ellos. - Miren estamos en una etapa difícil, complicada, nos quieren tomar el pelo, nos están invadiendo, nos están envenenado. -¿Quién mamá?-
No puedo responder la pregunta de Armandito, -Cómete tu sándwich y tómate tu agua. A jugar porque mamá está ocupada.-
Jueves
La solución está en la hidroponía y un huerto en el jardín mientras vemos a dónde nos podemos mudar para salir de esta vorágine consumista. Madre mía, ser autosuficiente exige un conocimiento supremo de un sinfín de cosas. No lo vamos a lograr.
Armando me dice que los niños están irritables y que tienen hambre.
Viernes:
Armando está furioso porque ha tenido que ir a buscar a los niños a la escuela. La verdad es que olvidé ir por ellos, la hidroponía y el huerto no son cosas sencillas de llevar a cabo.
Me sugiere que acudamos donde la psiquiatra porque está preocupado. Yo accedo no es para menos, olvidar a los niños en la escuela…
No me explico cómo pudo ocurrir. Me propone, Blanca, mi psiquiatra, que pase un tiempo en el ala de psiquiatría del Hospital de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez. Yo accedo tranquila. Caramba, olvidar a los niños en la escuela, ¡madre mía!. Algo está pasando. Me sorprende con que buena voluntad acepto el confinamiento.
En el que será mi baño por un buen rato, hay, sobre el lavabo, una pasta de dientes que dice en un costado: P&G y yo pienso que no hay escapatoria.
Fin
Considerando que es necesario hacer las cosas de manera diferente para lograr un cambio, me parece interesante la concepción que tiene el realismo jurídico del poder judicial. Los cambios están ocurriendo día a día, la sociedad se ha ido modificando, la comunicación que actualmente es posible entre los individuos era impensable a principios del siglo pasado. En este cambio fundamental que ha vivido la sociedad han participado los Estados, más no podemos decir que sean ellos los precursores de tan significativa transformación. En este sentido, parecería ocioso insistir en los cambios institucionales, frente a otras maneras de lograr modificaciones estructurales en la sociedad; sin embargo, la vida institucional sigue siendo fundamental y debemos apoyarnos en ella. La cuestión no oscila entre desaparecer o no las instituciones sino en cómo lograr que sean más efectivas frente a otros poderes fácticos.
Entre los muchos cambios que debemos realizar en nuestro país, uno muy importante es precisamente la eficacia y eficiencia de las instituciones. Hay que lograr que la sociedad tenga confianza en ellas, que sirvan para resolver problemas, para desahogar la tensión social. El gobierno está conformado por ciudadanos que realizan una función específica para servir a la sociedad, en este sentido la vida institucional nos permite exigir la rendición de cuentas, la transparencia en la administración y ejercicio de la actividad estatal. A diferencia de otros poderes fácticos, las instituciones se deben a la ciudadanía.
Por ello en esta ocasión me parece importante aterrizar estas ideas en un caso concreto: el poder judicial, que a mi parecer puede ayudar a lograr un cambio en nuestra sociedad si logramos que funcione de manera adecuada.
Es muy interesante el papel que se le otorga al poder judicial en las teorías del realismo jurídico y por supuesto el lugar tan importante que juega el juez como creador e intérprete del derecho. Principalmente porque durante setenta años vivimos un presidencialismo que impidió el desarrollo de los poderes legislativo y judicial. A finales del siglo XX se dotó al poder judicial mexicano de las herramientas jurídicas necesarias para desarrollar su función de manera independiente y eficaz. Pero no deja de sorprenderme la contradicción que imperó en esas reformas ya que con ellas se disolvió al poder judicial mexicano.
Siempre se dice que el derecho debe ser dinámico y que debe recoger los cambios que se dan en la sociedad. Si hay dinamismo en el derecho éste se da en la labor de los tribunales, es ahí donde existe la posibilidad de crear el derecho a partir de las situaciones que no han sido previstas por el legislador, los cambios que se dan en una sociedad no pueden esperar para ser resueltos por el proceso legislativo.
Me parece indispensable analizar al poder judicial en México a partir de los postulados del realismo jurídico, alejándonos de las concepciones que consideran que la única función del juez es pronunciar el derecho. Por el contrario debemos apostar al dinamismo sobre el estatismo que ha imperado en el ejercicio profesional de jueces, magistrados y ministros en nuestro país.
Se trata de otorgarle al poder judicial el lugar que debe ocupar en una democracia, como peso y contrapeso de los poderes ejecutivo y legislativo, como defensor de los derechos fundamentales y de la Constitución. Además de darle la maravillosa facultad de resolver los asuntos para los que no hay norma escrita, creando precedentes e integrando el derecho.
Estoy convencida de que el Poder Judicial mexicano se ha transformado considerablemente en los últimos años convirtiéndose en un verdadero contrapeso de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Pero debo precisar que la independencia formal no implica la real, porque esta última reside en el compromiso ético y moral
de las personas que integran el órgano. En sintonía con el realismo jurídico el entorno del juez forma parte de sus decisiones; sin embargo, los creadores de esta corriente no tenían en mente el problema terrible que sufren nuestras instituciones: la corrupción. Es aquí donde reside el temor de que los jueces resuelvan más allá de lo establecido en la norma. Desde luego negarle esta función al juez ante el temor a la corrupción sería un retroceso por ello es necesario que los mecanismo administrativos de control del poder judicial local y federal funcionen adecuadamente. Pero sobre todo importa que los ciudadanos estemos pendientes de las resoluciones de la Suprema Corte de Justicia y que exijamos que en ellas se desarrolle una adecuada argumentación jurídica.
Por último, el realismo jurídico plantea la posibilidad de utilizar un método empírico en el estudio del derecho y la aplicación del método inductivo en la labor que desempeñan los jueces, principalmente porque estamos acostumbrados a la utilización del método deductivo en la creación de normas jurídicas y a tener como referente al legislador y a la norma por él diseñada.
No digo que el realismo jurídico sea la panacea, sé que hay mucho más, pero me parece que no nos vendría nada mal mirar las cosas desde otra perspectiva. Finalmente, si voy mal, pues ahí esta la opción para opinar.
Dogmas constitucionales y su recepción en el derecho mexicano.
El tema de la concentración y la limitación del poder del Estado ha sido estudiado y discutido por diversos pensadores a lo largo de la historia, entre ellos Aristóteles, Polibio y Locke, sin embargo la obra que marcó las directrices en torno al principio de la división de poderes fue El Espíritu de las Leyes (1748) de Charles Louis de Secondat Barón de la Brède y de Montesquieu. El principio de la división tripartita del poder planteado en dicha obra, trascendió el momento histórico en el que fue desarrollado para convertirse en un instrumento de garantía fundamental en la configuración del régimen constitucional moderno.
Montesquieu estableció que en una sociedad bien organizada la actuación de los poderes del Estado y de los particulares debía regirse por la ley, siendo la división de los órganos o poderes del Estado la garantía de la libertad individual. La gran aportación del Espíritu de las Leyes radica en que el resultado de la división de los poderes será necesariamente la libertad de los individuos, además, Montesquieu, a diferencia de Locke, estableció la necesidad de dividir el poder del Estado en tres órganos o poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
La división de los poderes del Estado se convirtió en un dogma constitucional recogido tanto por la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, como por las constituciones francesas y norteamericana que dieron nacimiento a lo que hoy conocemos como el Estado liberal.
Otro aspecto innovador de Montesquieu fue incluir al Poder Judicial en la división de los poderes del Estado, otros autores se habían referido a este principio; sin embargo, ubicaban al Poder Judicial dentro de la estructura ejecutiva. El considerar al órgano judicial como un poder del Estado generó una gran polémica, esta fórmula que dotó de independencia a la judicatura fue desarrollada de manera distinta en las constituciones liberales posteriores a la obra de Montesquieu. El constituyente norteamericano entendió la división de poderes como un mecanismo en donde operan pesos y contrapesos, siendo el Poder Judicial, un órgano de suma importancia para el control de las actuaciones de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Por otro lado, encontramos que el constituyente francés enfrentó diversas dificultades para determinar el papel del Poder Judicial dentro de la división de poderes.
La Constitución Norteamericana de 1787 y la francesa de 1791, influyeron al constitucionalismo mexicano en el desarrollo del principio de la división de poderes. La interpretación del principio en el constitucionalismo norteamericano difiere notoriamente de lo establecido por Montesquieu, porque para las autores de la Constitución de Filadelfia era indispensable una interrelación entre las funciones para impedir que ningún órgano asumiera por entero una función, porque esto podría dar lugar a abusos en su ejercicio.
Por el contrario, el contenido concreto de la versión del principio de división de poderes que adoptó la Constitución francesa de 1791, estableció una división tajante de los poderes, en donde no eran factibles los pesos y contrapesos en el ejercicio de las facultades de los órganos del Estado, y por ello se dificultó la actuación de los mismos.
La Constitución mexicana de 1857 consagró el principio de la división de poderes, que posteriormente sería recogido en la actual Constitución de 1917. Sin embargo; la forma en la que se desarrollaron las funciones de los tres poderes de la Unión, generó un Poder Ejecutivo fuerte, que durante el siglo XX nos llevó a vivir en un régimen presidencial, con una dictadura de partido de Estado que impidió el desarrollo del Poder Legislativo y Judicial.
Durante la última década del siglo pasado, se realizó la reforma al Poder Judicial de la Federación, que lo dotó de facultades para actuar como un verdadero garante de la Constitución y de los derechos fundamentales. De igual forma, el Poder Legislativo a cobrado relevancia ante el desvanecimiento de la figura presidencial que inició a partir de 1994.
Todos estos cambios debieran verse como algo positivo, para el sistema jurídico lo son, el problema es que no son suficientes para sacar al Estado mexicano de la severa crisis en la que se encuentra. La pregunta que debemos hacernos es qué clase de Nación queremos y sobre ella construir con miras al futuro.
Calaverita.
Al grupo de Teoría Jurídica Contemporánea
le hace falta una guadaña
para remover las telarañas
que tienen sus mentes revueltas en marañas,
si no funciona la guadaña,
pues que hagan catarsis milenaria
o aunque sea bicentenaria.
Para quien el trago no es opción,
puede optar por la canción
o la bebida de su elección
para hacer síntesis sin coacción.
Si la síntesis no es opción
por lo menos la contradicción
para armar la discusión
y alcanzar la redención.
No olvidemos que durante el fin de semana nos van a dar calavera de verdad, a ver si el martes que volvamos a nuestras actividades no andamos como muertos en vida. Porque la flaca, la huesuda, la catrina anda esperando en la puerta de Xicoténcatl, su ofrenda, su pan de muerto, para irse a pasear por el país con el paquete económico del 2010 entre las manos.
La paradoja de la modernidad.
Parece que andamos perdidos desde hace tiempo, que no encontramos el camino, pero cuál camino, dicen por ahí que no hay tal, que nada más se hace camino al andar.
De repente se siente uno perdido en las dunas que fotografió Edward Weston y no sé si sabe si volver o avanzar, porque nos encontramos en un terreno desconocido, parece que no se va a llegar a ningún lado. Por eso la idea de volver el camino andado resulta atractiva, pero ya no hay marcha atrás en el camino hacia la libertad. Es un miedo constante, ese del miedo a la libertad, pero ésta sólo se alcanzará si el individuo participa de manera activa en la determinación de su propia vida y la de la sociedad en la que vive. Hay que lidiar con la impotencia y la soledad para alcanzar la felicidad, pero con lo que uno tiene, con lo que uno es.
La brecha digital se define como la separación que existe entre las personas (comunidades, estados, países…) que utilizan las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) como una parte rutinaria de su vida diaria y aquellas que no tienen acceso a las mismas y que aunque lo tengan no saben como utilizarlas. La expresión hace referencia a la diferencia socioeconómica entre comunidades que tienen accesibilidad a Internet y aquellas que no, aunque tales desigualdades también se pueden referir a todas las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), como el número de personas por computadora, la telefonía móvil, la banda ancha y otros dispositivos. Como tal, la brecha digital se basa en diferencias previas al acceso a las tecnologías. Este término también hace referencia a las diferencias que hay entre grupos según su capacidad para utilizar las TIC de forma eficaz, debido a los distintos niveles de alfabetización y capacidad tecnológica. También se utiliza en ocasiones para señalar las diferencias entre aquellos grupos que tienen acceso a contenidos digitales de calidad los que no lo tienen. (1)
En el año 2003, se celebró la primera fase de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI) en la cual los líderes mundiales reconocieron la importancia de la revolución de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC)(2) para conformar el futuro del planeta y para conseguir los objetivos de la Declaración del Milenio(3). Ahí decidieron que era necesario instaurar el marco de una Sociedad de la Información integradora y justa que requería de una visión y diálogo global.
La CMSI se celebró en dos fases a propuesta del Secretario General de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT)(4) con la finalidad de que el debate sobre la sociedad de la información se llevara a cabo en un país desarrollado y en otro en vías de desarrollo. Además se consideró que la celebración de la cumbre en dos fases permitiría realizar mejor la implementación y el seguimiento. Suiza y Túnez se ofrecieron para ser anfitriones de la CMSI, el primero por la sede de la UIT y el segundo porque fue el país que propuso la celebración de la CMSI.
La Declaración de Principios de Ginebra titulada “Construir la Sociedad de la Información: un desafío global para el nuevo milenio” fue adoptada por los líderes mundiales el 12 de diciembre del 2003 y contiene los principios que sustentan la Sociedad de la Información. El Plan de Acción de Ginebra fue adoptado en la misma fecha, su aplicación está en curso y contiene objetivos con plazos para que la visión de una Sociedad de la Información integradora y justa se convierta en una realidad.
En el apartado A, número uno, de la Declaración de Ginebra los representantes de los pueblos del mundo declararon su deseo y compromiso de construir una Sociedad de la Información centrada en la persona, integradora y orientada al desarrollo, en que todos puedan crear, consultar, utilizar y compartir la información y el conocimiento, para que las personas, las comunidades y los pueblos puedan emplear plenamente sus posibilidades en la promoción de su desarrollo sostenible y en la mejora de su calidad de vida, sobre la base de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, respetando y defendiendo la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Es fundamento esencial de la Sociedad de la Información, de acuerdo con en el Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, que este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir información y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
La comunicación es entendida como un proceso social fundamental, una necesidad humana básica y el fundamento de toda organización social. Constituye el eje central de la Sociedad de la Información, por ello, todas las personas, en todas partes, deben tener la oportunidad de participar, y nadie debería quedar excluido de los beneficios que ofrece la Sociedad de la Información.(5)
Las TIC deben considerarse un medio, y no un fin en sí mismas. En condiciones favorables, estas tecnologías podrían ser un instrumento eficaz para acrecentar la productividad, generar crecimiento económico, crear empleos y fomentar la ocupabilidad, así como mejorar la calidad de la vida de todos. Pueden, además, promover el diálogo entre las personas, las naciones y las civilizaciones.
Los países reconocieron que las ventajas de la revolución de la tecnología de la información están en la actualidad desigualmente distribuidas entre los países desarrollados y en desarrollo, así como dentro de las sociedades.
Me parece que es indispensable que, en un foro internacional como lo es la CMSI, se denuncien las terribles desigualdades a las que están sometidos millones de individuos en nuestro planeta. Esto no debe demeritar los esfuerzos realizados ni relegar los logros alcanzados, simplemente debe enunciarse como el obstáculo que si no es vencido no permitirá que se conforme una verdadera Sociedad de la Información.
Me pregunto si los legisladores que proponen el impuesto del 3% a las telecomunicaciones están conscientes de las repercusiones que esta política conllevaría. En este sentido la medida impactará de manera negativa al acrecentar la brecha digital. Se fomentaran barreras económicas y de conocimiento al interior, y al exterior porque nos hará menos competitivos a nivel internacional. En qué escenario nos situará gravar el acceso a la información, bajo qué argumentos se defiende esta política tributaria. Al parecer la visión que tienen los diputados del país llega hasta el día de mañana, ya veremos si la de los senadores alcanza a librar el puente del fin de semana. Las decisiones que se toman en los prolongados periodos de sesiones en los que nuestros legisladores sacrifican su tiempo de comer y de dormir, perduran en el tiempo trayendo consecuencias catastróficas. Esta visión en corto del país, la visión del México que se construye en el tiempo que transcurre una legislatura o un periodo presidencial nos ha situado a un lado del desarrollo económico, político, social y democrático tanto al interior como al exterior. En este sentido son innumerables las brechas que nos deben de preocupar, curiosamente el paquete económico nos muestra con crudeza cada una de ellas. Sin embargo; hoy lo que me ocupa es la brecha digital la que al parecer los legisladores y el gobierno federal luchan por acrecentar. Los compromisos asumidos por nuestro país para conformar la Sociedad de la Información deben ser respetados.
La mayor parte del tiempo yo no entiendo nada de lo que está ocurriendo en mi país. No hay teoría que alcance para explicar la realidad nacional. Hace algunos años tomé la decisión de no informarme más. Renuncié a la lectura de los periódicos, a mirar las noticias en la televisión y prácticamente dejé de escuchar la radio después del 2 de julio del 2006. Me ponía enferma al escuchar los programas de debate y de crítica, que eran todo menos eso. Lo que más me molestaba en aquel entonces y ahora, era la falta de honestidad en la forma de comunicar posturas y presentar la información.
Por qué no podemos escuchar abiertamente que los medios manifiesten sus preferencias políticas, sus posturas ideológicas, sus concepciones del Estado, la religión y la sociedad. Estamos sumergidos en una maraña de simulaciones mediáticas en donde constantemente se nos quieren presentar posturas de toda índole disfrazadas de objetividad e integridad periodística. Por qué no se dice abiertamente si usted nos mira, nos escucha o nos lee debe saber que nuestra postura es está, aquí no va a encontrar la objetividad y la imparcialidad que está buscando porque nosotros pensamos así y defendemos esta postura, estos intereses, criticamos esto y aquello, somos incapaces de cuestionar esta política pública, el sistema económico, qué se yo. Entonces uno ya sabrá donde mirar, qué escuchar, a quien leer, esa ya será la responsabilidad individual. Pero no es así, actualmente la tendencia parece ser que nadie tiene una postura, lo importante es comunicar, informar, aglutinar hechos como si eso nos fuese a levar automáticamente a un conocimiento objetivo. Y es aquí donde todo se tergiversa, se hace una sopa primigenia de la cual emergen todo tipo de escenarios que hacen incomprensibles cualquier realidad. Entonces empieza el discurso de las complejidades, sólo puede opinar el conocedor, el que entiende, el especialista. Al margen estamos atónitos los demás, los que no comprendemos por qué necesitamos a un especialista para que nos explique los problemas básicos de la vida individual.
Mi postura es radical y me hizo acreedora de un montón de críticas que sospecho van desde considerarme una ignorante hasta una fatua irremediable. Que irresponsable, si lo que hoy importa es estar informado, si queremos influir en la realidad hay que conocerla. ¿Pero yo me pregunto la realidad según quién? ¿La información desde la perspectiva de quién?
Nos acercamos al 2012 con la idea de que ante la debacle económica, política y social que estamos atravesando, es mejor regresar a lo conocido, y no porque sea mejor, sino porque los cambios en la política no llenaron las altas expectativas que les endilgamos.
Me niego a pensar que nuestra única alternativa es volver a lo conocido, por temor a imaginar y experimentar otros escenarios. Las fórmulas no están dadas los cambios son difíciles pero hay que transitarlos. Quiero aclarar que no estoy haciendo aquí propaganda política a ningún partido. Al contrario, me es indispensable resaltar que no podemos operar en el conformismo y la indiferencia, por ello no podemos permitir que se desaliente el pensamiento original y que se nos venden ideas prefabricadas como soluciones ideales. No permitamos que la realidad pierda su estructura y se le reduzca a piezas pequeñas desprovistas de cualquier sentido de totalidad.
Debemos aprovechar la furia que nos ha provocado la crisis actual para preguntarnos si sabemos qué es lo que queremos. Pareciera absurdo hacerlo; sin embargo es necesario, preguntémonos cuáles son nuestros deseos, cuáles son nuestras prioridades, qué tipo de Nación queremos. Si no hacemos este ejercicio no sabremos que exigir. Para empezar yo señalaría, de manera enunciativa y no limitativa, como una urgente prioridad nacional a la educación. Si no apostamos por la educación, si no la defendemos, si permitimos que no se invierta en ella no podremos tener un panorama alentador. El desarrollo del país no está a la vuelta de la esquina hay que trabajar en él ahora para disfrutarlo en el futuro.
¿Tú qué opinas?
El día de ayer, 23 de octubre del 2009, el rector de la UNAM, Dr. José Narro Robles, recibió en la ciudad de Oviedo, capital de Asturias, el premio Príncipe de Asturias con el que se distinguió a la Universidad Nacional Autónoma de México en la categoría de Comunicación y Humanidades.
El rector pronunció un discurso muy interesante y emotivo, cargado de significados en el que hubo importantes reconocimientos, denuncias e invitaciones al cambio.
En primer lugar, el rector consideró que son acreedores de este galardón todos los hombres y mujeres que hemos formado parte de la Universidad como maestros, investigadores, alumnos y trabajadores. Agradeció a todas aquellas personas que participaron en la proposición de la candidatura de la UNAM para recibir tan importante reconocimiento.
El discurso se refirió a realidades nacionales e internacionales. El rector enfatizó que la educación es la vía de la superación humana, individual y colectiva. Por ello la necesidad de garantizar el derecho a la educación laica y pública como medio incluyente e indispensable para el desarrollo de los países y de los seres humanos, Además señaló que un país que no desarrolla su propia ciencia está destinado a la maquila y a la medianía en el desarrollo.
Situar el derecho a la educación como el eje del discurso tiene destinatarios específicos en nuestro país, cuyo gobierno se identifica con la tendencia a escatimar el presupuesto destinado a la educación. El reproche es justificado y urgente, el foro no podía ser más conveniente.
En otro momento señaló que ante el fracaso del sistema financiero está la oportunidad de construir nuevos esquemas de desarrollo para que los jóvenes tengan un futuro alentador.
Reconoció las aportaciones de los miembros del exilio español en distintas áreas del conocimiento en la universidad. Lo que importa, lo que me interesa señalar es que con motivo de la entrega del premio Príncipe de Asturias, tan importante para la Universidad y para nuestro país, se recordó el trabajo de los hombres y mujeres que abandonaron España con motivo de la guerra civil. Hay aquí una fuerte carga emotiva para mí, considero que hay una pertinencia de lugar y de tiempo para hablar de los hombres y mujeres que hace setenta años construyeron sus sueños en uno de los pocos países que les abrió sus puertas. Hoy los miembros del exilio español son una especie en extinción, su tiempo está terminando, la mayoría ha muerto o tienen cerca el final de sus vidas, por eso me emociona que el día de ayer un mexicano haya reivindicado su trabajo en la tierra que los vio nacer.
La educación es y seguirá siendo la herramienta más importante para formar seres humanos responsables y comprometidos con la sociedad y en este rubro el papel del Estado es indispensable, así que hagámosle saber al gobierno que la educación es una prioridad para nosotros y que sin ella estamos condenando a nuestra sociedad al fracaso.
“Por mi raza hablará el espíritu”
Para reflexionar sobre lo que nos hace humanos y lo que nos deshumaniza en algunas ocasiones necesitamos una sacudida. Se le puede mirar como un provocador, al mensajero, pero también se le puede agradecer que nos lleve a reflexionar sobre la humanidad.
Ya se dijo que la realidad no es una, pero según entiendo si se la puede estructurar, lo que no alcanzo a comprender es si el religare siempre se centrará en la dualidad de la metafísica y la razón. Fuera del discurso racional me parece difícil lograr una identidad, porque nos encontramos en el universo de las creencias, de la fe, de los dogmas. Tal vez el error esté en que el punto de partida de mi reflexión es la razón. A lo mejor es que no he comprendido a fondo la religación; sin embargo, para mí, lo valioso es el hombre, lo que con su vida hace y la forma en la que ejerce su libertad. Erich Fromm lo dice claramente en “El miedo a la libertad” cuando señala
“el hombre representa el centro y fin de la vida”… “el desarrollo y la realización de la individualidad constituyen un fin que no puede ser nunca subordinado a propósitos a los que se atribuyan una dignidad mayor”.
No sé si hay algo que sea irreductiblemente humano. Me parece que los individuos pueden perder su dignidad pueden comportarse de manera tal que sea difícil encontrar en ellos aquello que nos hace humanos. Aunque la pregunta siempre será ¿qué es aquello que nos hace humanos? y yo no la voy a contestar. Por ello me disculpo y confieso, usando bellas palabras de Clarice Lispector, que:
“tengo miedo de escribir. Es tan peligroso. Quien lo ha intentado lo sabe. Peligro de urgar en lo que está oculto, pues el mundo no está en la superficie, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar.”
Como el mundo no está en la superficie, hay que buscar siempre en las profundidades del mar lo que uno es para poder responder con la misma intensidad. La labor no ha sido sencilla pero no cabe duda que el resultado refleja la necesidad que todos tenemos de gritar que estamos vivos y que no nos vamos a conformar con éste que no es el mejor de los mundos posibles. Y como no nos queremos conformar, están ahí, los derechos humanos, como el paradigma ético del derecho.
“Iba buscando un sitio, un sitio donde todavía fuera posible reflexionar sin vergüenza sobre la posibilidad de la palabra.”
Roberto Saviano
En el ensayo “Contra la humanidad” Óscar de la Borbolla es contundente cuando afirma que pensar y matar son la misma cosa. Lo que distingue al hombre del resto de los seres vivos: la razón, es precisamente el atributo que lo hace más despreciable, que lo convierte en homicida. La historia humana es descrita como “una cantina de pendencieros en la que cualquier cosa es motivo para desencadenar la violencia”. De acuerdo, así ha sido nuestro transitar por el mundo, no hay nada que objetar.
Somos, a decir del autor, la especie que se distingue por el autoexterminio. Las afirmaciones del autor son rotundamente pesimistas. El hombre es el lobo del hombre y ahí está la historia como prueba de la demencia del hombre.
Afirma el autor en su denuncia que ante el asco y la vergüenza que produce el reconocerse como parte de la especia humana hay siempre quien esgrime la frase “yo no soy así” para reivindicar su diferencia y no salir embarrado.
Yo no busco deslindarme, no busco ser diferente, no me distingo de los otros por ser o no culpable. ¿Soy una cínica o tan sólo me reconozco profundamente humana?. Entre toda esa miseria que el autor describe yo vivo mi vida, con una pequeña o alta dosis de indignación, dependiendo el día, dependiendo de mi termómetro de tolerancia, porque de otra forma no podría funcionar, “la humanidad es ese mar contra el que no se puede”. Yo no me creo inocente en lo individual, pero si responsable en lo colectivo, por eso me angustio.
Para mí la razón no es la condena, por el contrario es la posibilidad del cambio. El ser humano está obligado a reflexionar sobre sus actos, a buscar en ellos la bondad y la maldad y toda la gama de matices y claroscuros que encontramos entre estos extremos. Sin embargo; la reflexión no implica la responsabilidad. La razón no es inofensiva por ello ningún ser humano es inofensivo para sí o para la especie.
“No tenemos un pasado de inocencia, la historia humana está bañada de sangre.” Contra esta afirmación no hay nada que argumentar, así ha sido, así es y así será el futuro de la humanidad. No lo imagino de otra manera, salvo en la utopía. Somos toda esa mierda, toda esa muerte, toda esa lucha por los ideales, por el dinero, por la religión, por la familia, por la patria, por la posesión, por el amor, por el desamor, por la libertad, por la comida, por el agua. No me cuesta trabajo aceptarlo, es más me parece que está dicho con absoluta claridad y transparencia, da náuseas, incomoda, pero por más incómodo que me resulta no lo puedo negar “la lectura de la historia universal muestra que pensar y matar son la misma cosa, y que no hay pueblo ni época en que la razón resulte inofensiva.”
Yo no busco la salida que me deslinde y me exculpe. Yo me observo, me pienso, me siento y ubico dentro de este terrible mundo que el autor describe y concluyo que soy profundamente humana. No aspiro a algo que me haga ser menos humana, yo soy yo y mi circunstancia, esta es mi vida, de nadie más y voy a vivirla siendo profundamente humana. Yo no quiero ser salvada, admito lo que soy, sé de dónde vengo. ¿Por qué hemos de ser salvados?. Yo no creo en Dios, por eso no recurro a Dios, en este sentido la soledad ontológica no me parece insoportable: estamos solos, los individuos, rodeados los unos de los otros, sin excusas. Admitamos lo que somos, hay mucho de la existencia humana que es vileza pura, es un hecho irrefutable, en ello no me detengo, no hay defensa alguna que alegar. Pero está la responsabilidad de la existencia, la decisión personal que pesa sobre los demás, la condena a la libertad, el miedo a la libertad. Para mí es ésta la verdadera angustia, donde se anida el desamparo, la responsabilidad de la
existencia, la construcción del porvenir. Diría que uno elige o no entrar a la cantina de pendencieros que para el autor es la historia.
La búsqueda de los héroes, de los ídolos, de los pares, de los que no son profundamente humanos, ya lo ha dicho el autor es paradójicamente lo que nos dogmatiza. También estoy de acuerdo, pero de nuevo me pregunto ¿por qué hemos de deshumanizarnos para sentirnos tranquilos?, es insistir en la miseria de la existencia.
El autor afirma que en la infancia se da la primera manifestación de la perversidad humana, pues si, por ello y para ello la cultura, nuestra mejor creación. El individuo debe construir su existencia iniciando con la educación para la libertad. Por ello actuar es tan importante, uno se define por sus actos, uno es responsable de sus actos.
Yo pienso que basta con mirar al hombre ante la muerte para entender que es lo que le da significado a su vida. No hay tal naturaleza humana, dado que el hombre es libre, por ello no hay redención posible.
Si hay algo que me aleja del autor, no es la contundencia con que expone su molestia, no es su denuncia la que me incomoda. Lo que no comparto es el profundo pesimismo, ese que lleva a pensar que no hay más que hacer, ese que sugiere la quietud por considerar que lo otro es hipocresía.
No se salva en esta denuncia la vejez: es el fin de la miserable existencia, con ella se confirma la condena humana, no hay transformación posible, sólo el desencanto de que el mundo no cambia. Así las cosas, nadie escapa al determinismo del autor, la existencia de los individuos no tiene ningún valor, nada rescatable hay en ella.
Pero yo considero que está la posibilidad del repudio de lo observado, está la denuncia, este manifiesto contra la humanidad que se hace quizá por la humanidad. Esto no es otra cosa que esperanza, sino para qué la denuncia, por qué usar la infinita fuerza de la palabra, por qué creer en ella. Admiro la fuerza de la palabra, cuando todo parece perdido, siempre se la puede situar en el centro de la lucha. Mientras exista esta posibilidad yo esbozo el optimismo por considerarme profundamente humana.
Ante la condena que lanza el autor a los que pretenden reivindicar su diferencia, en lo que el llama el conflicto del individuo contra la especie “Yo no soy así” estará siempre la posibilidad de optar y decidir, nunca de escapar al pasado común. Yo no pretendo hacer una defensa de la humanidad, mucho menos una defensa personal, ya he dicho que no me quiero deslindar. Lo que yo quiero apuntar, lo que me interesa señalar, es el valor de la existencia y la responsabilidad individual sobre ella.
Volviendo al optimismo y en defensa de la posibilidad de cambio, recuerdo que nada es estable, nada es absoluto. Todo fluye y se transforma. En verdad mirar la violencia en la historia nos deja perplejos pero ¿podría decirse que el paso del hombre por la Tierra ha sido una lista de errores e injusticias que se han ido agravando? ¿alguien podría afirmar que se vivía mejor en la Antigüedad que en la posmodernidad? Si algo debemos rescatar de la historia son los cambios profundos que a lo largo de ella se han producido. Sin duda, la historia está marcada por la lucha por el control y el ejercicio el poder. Como nada es absoluto y siempre está la posibilidad del cambio me parece que hemos mejorado, yo no sé cuáles son los valores que debe alcanzar la humanidad para vivir en paz. Lo que si sé es que lo bueno en la sociedad son los valores y lo malo en ella es la ausencia de éstos.
Lo que finalmente importa en la sociedad y en la historia de la humanidad es la forma en la que se controla el poder para evitar que se abuse de él. La detentación y el ejercicio del poder han sido trascendentales para definir la forma de organización y las reglas comunes que rigen a una sociedad. El derecho tiene como finalidad ordenar el poder y lograr en la medida de lo posible una existencia armónica. Se le pueden atribuir innumerables defectos e inconsistencias, incluso alegar su ineficiencia y su injusticia. En fin una interminable lista de adjetivos que lo describirían fielmente; sin embargo, hasta ahora el derecho ha servido para contener la vileza que impera en la sociedad. En la vida cotidiana es el derecho el que proporciona las condiciones para la armónica complejidad de la vida humana. Es la herramienta del cambio; es la creación humana para lograr la convivencia respetuosa de los individuos y de las naciones, es el paradigma del orden social que refleja los cambios que se dan en la sociedad. También es cierto que se puede corromper esta función del derecho y que se le puede utilizar como medio para oprimir la libertad. Ahora, el cambio profundo el que puede hacer la diferencia está, a mi parecer, en la responsabilidad de la existencia individual.
Somos una gran contradicción por la cual vale la pena reflexionar. Somos humanos, demasiados humanos.
La angustia de la existencia.
La conciencia de la soledad me produce angustia. El saberme sola con las únicas certezas del pasado y de la muerte me pone algo nerviosa. Me asusta la muerte porque no llama antes de entrar, porque a veces no permite despedidas y siempre deja un vacío en los otros, una pena irreparable, un sentimiento de soledad. Además a uno no le preguntan si ya está satisfecho, si le parece un buen momento para dejar de existir, la muerte no siempre llega en la vejez, y aún cuando lo hace produce dolor a los que se quedan. Pero uno no puede vivir pensando en cómo y cuándo va a morir, como sólo podemos tener la certeza de que vamos a morir, es mejor, creo yo, dedicar esfuerzos a vivir, a amar, a sentir, a ser feliz, a aprender, a conocer, a indignarse ante la injusticia, a usar la palabra para denunciarla, para comunicarnos y entendernos.
Para mí esta no es tarea fácil, es la lucha de todos los días y en ella imprimo todas mis energías, aunque debo confesar que he ocupado buena parte de mis días en descifrarme para poder abrir las ventanas y comunicarme con los demás. Me ha costado reconocerme, me ha costado amarme y siempre busco perdonarme por ser tan dura conmigo misma, por no dejar entrar a la tranquilidad por mi puerta. Construimos muros para luego derribarlos a veces cumplen su función y hay que deshacernos de ellos, incluso pueden salvarnos pero también aislarnos. El amor es para mí una respuesta y por eso amar es fundamental en mi vida. Yo soy una persona sensible al extremo, como ya será obvio para el que me esté leyendo, y por eso necesito asirme a la risa, cuando más perdida me siento, recuerdo que una amiga alguna vez me dijo que uno siempre se puede reír de la propia vida.
Y ahora me río más que nunca porque hay días que salgo de la Universidad preocupada porque el conocimiento me rebasa, porque no he leído lo suficiente, porque en no sé que otro país, que está mejor o pero que el nuestro, hacen las cosas de una o de otra forma, porque alguna eminencia representando una tragedia griega, nos grita en clase, que estamos al margen de la historia. Y bueno pues yo llego a mi casa y vivo esta que es mi vida, al margen de la historia universal, pero muy consciente de que este es mi único momento y lo estoy aprovechando.
Tres adolescentes abordan un microbús en la lateral del Periférico con dirección al sur. Todos los asientos están ocupados, así que permanecen de pie, colgadas de las agarraderas del techo. El vehículo arranca a toda velocidad. Una señora que pierde el equilibrio cae al suelo. Los demás pasajeros la ayudan a incorporarse. Acaban de subir las tarifas del transporte público, la señora indignada se queja con el conductor sobre el estado en que se encuentra la unidad y por su negligencia para conducirla. La mayoría de los pasajeros apoyan a la señora y empieza una discusión digna del ágora griega.
Corre el año de 1988. La pelea con el conductor del microbús da un giro de trescientos sesenta grados cuando una de las adolescentes afirma que el reclamo sobre la alza de las tarifas en el transporte público no debe hacerse al chofer sino al gobierno, otra de las adolescentes que la acompañan interviene para señalar que es necesario que se dé un cambio de gobierno, la tercera que se había mantenido al margen, pregunta al resto de los participantes si habían contemplado la posibilidad de lograrlo con la emisión de su voto. El chofer apoya a las adolescentes, e invita a los pasajeros a dirigir sus quejas al gobierno, el es un ciudadano más víctima del sistema. La señora quiere increparlo (seguramente porque ello no lo exime de ser una bestia al volante) pero está más interesada en el giro que ha tomado la discusión. Molesta interroga a las adolescentes sobre su filiación partidista. En ese momento interviene un hombre para expresar que no tiene ningún sentido votar porque la democracia no existe en nuestro país. La tercera adolescente le expresa que comparte su opinión pero lo conmina nuevamente a votar. Las otras dos chicas apoyan a su compañera efusivamente, la unión hace la fuerza. La señora vuelve a insistir sobre su filiación política y la primera adolescente le responde que aún no tienen la mayoría de edad para votar, la otra cuestiona la pertinencia de conocer dicha inclinación. Finalmente la señora acusa a las adolescentes de hacer propaganda política. Esto provoca que otros pasajeros se unan a la discusión, la segunda adolescente toma el uso de la palabra y le responde a la señora que sin duda si pudiera votar en ese momento, votaría por un cambio de partido. Un obrero que se encontraba sentado en el asiento trasero de la unidad interviene para felicitar a las adolescentes por su entusiasmo y efervescencia política; sin embargo, les refiere que ningún cambio habrá. La mayoría de los pasajeros, incluidas las adolescentes y la señora, se lamentan por su pesimismo. El hombre responde que no habla el pesimismo sino la voz de la experiencia. Finalmente la segunda adolescente timbra la parada al chofer del microbús, las chicas entusiasmadísimas se despiden de los pasajeros y del chofer. Caminando hacia su destino comentan que lo ocurrido es una señal del cambio que se aproxima, un intercambio de esa naturaleza entre tanta gente tan distinta no se da todos los días.
Hoy las tres adolescentes son mujeres bien distintas: la primera se dedica a la dirección cinematográfica, la segunda a la arqueología, con especial interés en la literatura india y la tercera a la ciencia política. Las tres mujeres presenciaron cómo se cayó el sistema en 1988, finalmente votaron en las elecciones presidenciales de 1994, constataron el cambio de partido en el poder en los comicios del año 2000 y se quedaron perplejas ante los resultados de los comicios del 2006. Al día de hoy, dos de ellas consideran que anular su voto es la mejor manera de mostrar el desacuerdo político, mientras la tercera trata de convencerlas de que el voto es la única vía posible para lograr un cambio. Defiende su postura acaloradamente, aunque personalmente sabe que algo anda mal, la teoría y la práctica en su país son como el agua y el aceite, no se mezclan, y por ello se pregunta si no habrán dejado algo en el microbús aquella tarde de 1988.
Este cuento me sirve para mostrar la que considero constante desazón en la que vivimos los mexicanos, este desacuerdo entre el discurso jurídico y el discurso práctico nos tiene fritos y confundidos. Según Alexy para encausar el discurso práctico se crea un sistema jurídico. El derecho resulta justificado discursivamente tanto en su dimensión normativa que permite que aumente la posibilidad de resolución de cuestiones prácticas, como en su dimensión coactiva, esto es, en cuanto que sus normas puedan imponerse también a quienes no están dispuestos a seguirlas. Y es aquí en donde ilustra en mi opinión el ejemplo de las elecciones porque bien o mal hemos ido construyendo un sistema electoral que se supone debiera funcionar y generar la suficiente confianza en la población de que el candidato declarado ganador es el que fue elegido en las urnas. Sin embargo; a pesar de que contamos con procesos para que se tomen importantes decisiones e instituciones indicadas para resolver los conflictos que se presenten, éstos se resuelven al margen de ellos, pero se les quiere presentar en el discurso jurídico. Ni se me ocurre hablar aquí de la dimensión coactiva, porque ese es otra motivo de frustración y por hoy ya tengo bastante.
Independientemente que se tenga o no una afiliación política, el tema electoral sigue generando suspicacias con la agravante de que más de uno ha perdido el control cuando ha discutido el tema. Si la discusión del microbús se hubiese suscitado en el 2006 seguramente la recordaríamos como una tragedia nacional.
Bienvenidos a este espacio colectivo de reflexión en el que escribiré sobre temas que me interesan. Empezar a escribir siempre es difícil y más cuando se plantea como la manera indispensable de acercarse a la construcción del conocimiento mediante la observación y la crítica. Me interesa apuntar la fuerza de la palabra como medio de denuncia, como mediadora de infinidad de posturas, como la expresión de la razón y precursora de la comunicación entre los individuos. Cuando se pierde de vista la fuerza de la palabra me parece que sólo queda locura y violencia.
La tarea aquí propuesta me resulta aterradora, me entusiasma la idea de que alguien me leerá y por supuesto pienso que siempre será mejor recibir una crítica, aunque esta sea negativa, a no recibir niguna. Así que en sus marcas listos, fuera que corran las ideas y ojala se alcance la meta, si es que existe tal cosa.